El lenguaje del rostro es infinitamente profundo. Desde la forma de mirar al brillo de los ojos, desde la expresión de las cejas a la entonación de la voz (que nada tiene que ver con las palabras que se dicen), tu rostro proyecta un mensaje que abre la puerta hacia tu mundo interior.
La persona que ha decidido seguir por el camino a la felicidad proyecta a través de su aura una bonita energía. Sus movimientos son armoniosos y denota una expresión dulce y serena. Los rasgos se suavizan, la mirada se llena de un sentimiento de amor, y la voz, nos habla de esa fuerza, de esa tranquilidad, que la persona está sintiendo y vibrando en su interior. El ser se hace congruente con su realidad interna y aunque estuviera callado, su rostro hablaría por él, y aún si sus palabras estuviesen recriminando suavemente a alguien y sus ojos estarían hablando del inmenso amor, con que lo hace penetraría en las cerradas cárceles de los corazones lastimados. Hasta en la forma de hablar y conducirse inspirarían nítida confianza y todos los prejuicios caerían derrumbados ante éste magnetismo que irradia.
Por eso es muy importante cuidar el rostro y entender que la emociones internas se ven reflejadas en ese espejo que todos tenemos que es la cara. Usen las manos para trabajar y explorar los caminos hacia el corazón de sus semejantes, un apretón de manos, una caricia o una sonrisa, son capaces de romper los más duros cerrojos.
El amor es una irradiación maravillosa que debemos experimentarla, expresarla, disfrutarla y vivirla con quién queremos comunicarnos.
Certeramente encontraremos corazones con quienes, podamos experimentar la identificación total, de cuando encontraremos seres que son para nosotros como dos gotas de agua, así podremos estar con ellos y reconfortarnos plenamente.
Transitemos el camino de la felicidad, buscando reflejar esa verdad interior, a través de nuestros ojos siendo como los faros de luz que alumbran las tinieblas de aquellos que no han aprendido a encender la mística lámpara del espíritu y nuestros pasos nos llevarán sin prisa,
Hacia el océano de paz, en que se funden las almas una vez que han encontrado el camino de la felicidad.
Escrito por Romie Di Grillo