Un grupo de estudiantes graduados y bien establecidos en sus carreras profesionales, estaban reunidos y decidieron ir a visitar a uno de sus profesores de la Universidad, que ya se había retirado. Durante su visita, la conversación se tornó a quejas por el estrés en sus trabajos y sus vidas. Ofreciéndole chocolate caliente a sus invitados, el profesor se retiró a la cocina y regresó con una olla llena de la bebida, junto a unas tazas de porcelana de las cuales algunas eran lisas, otras tenían diseños más elegantes, y algunas más lujosas. El profesor las puso en la mesa e invitó a que todos se sirvieran a su gusto.
Cuando todos tenían las tazas de chocolate caliente en sus manos, el profesor les dijo: Fíjense que todas las tazas más lujosas han sido escogidas, dejando atrás las lisas y menos costosas. Aún siendo normal que solo quieran los mejor para sus vidas, esa es la raíz de su estrés y sus problemas. La taza de la cual están bebiendo no añade calidad al tipo de chocolate caliente. En la mayoría de los casos, es solamente más costosa y esconde lo que bebemos. Realmente, lo que ustedes querían es el chocolate caliente, no la taza, pero inconscientemente escogieron las tazas que mejor apariencia tenían y hasta comenzaron a mirar la taza del vecino.”
“Ahora, consideren esto: la vida es el chocolate caliente; el trabajo, el dinero y la posición social son las tazas. Esos solo son las herramientas para atarse y contenerse a la vida. La taza que tienes no define o cambia la calidad de la vida que lleves. Algunas veces, si te concentras solamente en la taza, fallas en disfrutarte el chocolate caliente que tienes.”
Vive simplemente; ama generosamente; cuida profundamente; habla amablemente; agradece a Dios por todas tus bendiciones; y recuerda siempre disfrutar del chocolate caliente que tienes.